
Volvemos. Casi pisamos las mimas huellas de la ida. Íbamos con ilusión, con deseos de ver algo que llenara nuestras vidas y volvemos llenos de esperanza. Nuestra vida, después de un camino como el del Rocío no es igual, cambia. Quizás veamos que no somos ni mejores ni peores, somos lo que somos, personas con defectos y con virtudes. Hacemos un ejercicio de humildad y de conocimiento, conocimiento de nosotros mismos. Las noches de soledad, no tristes, donde me encuentro conmigo y me hablo a mi mismo, donde digo que cambiaré, donde me propongo ser mejor, donde reconozco en mi soledad mi propia indefensión, me anima.
Y termina el Rocío. Vuelvo a mi vida cotidiana. No te olvido Rocío, estoy contigo y me cuesta el compromiso. Solo me queda pedirte Virgen del Rocío comprensión si fallo, si me dejo llevar por lo que no quería y te he dicho, pero no tengo más que ofrecer, soy ese.
El camino de vuelta sigue. Soy viajero con billete de vuelta, pero me queda lo vivido. Te veré, a ti Rocío cada mañana en mis pensamientos, recordaré los momentos vividos, por mi mente pasaran abrazos, besos, apretón de manos… miradas furtivas. Cumpliré mi compromiso, me acercaré al otro, al que seguramente me necesita y no me doy cuenta. Al que seguramente yo necesite y no he tenido el valor de decírselo.
El año próximo volveré al camino. Andaré y seguramente volveré a recordar los compromisos adquiridos año atrás con la Señora.
Sed felices.
LA VUELTA.
Si el camino era inhóspito a la ida, la vuelta se hace eterna. Sensaciones inundan las almas, los corazones viven a otro ritmo. Nuestros pensamientos están llenos de imágenes, emociones vividas, melancolías, situaciones que nadie se espera y que son vividas en primera persona.
La vuelta es vivir de nuevo la realidad cotidiana, la desesperanza, los desencuentros, volvemos a enfrentarnos con nuestra propia realidad. Se acabó el cante, el baile, las lágrimas que se deslizan sin permiso por mejillas maltratadas por el tiempo. Pero hemos vividos algo especial. Hemos estado cerca de nuestra transfiguración, sin monte Tabor. Hemos rezado, llorado, desgañitado nuestros adentros, gritado nuestra propia hermosura de humano, hemos derramado amor, cariño, de nuestras entrañas han salido las mejores sensaciones, hemos visto gentes y lo hemos vistos como son, son humanos.