
Y mi amigo, en aquellas fechas, se propuso hacer el camino. Fue una promesa aunque él no manifieste en ningún momento los hechos. Hizo el camino, lo vivió, lo anduvo, estoy seguro entre rezos y promesas que nadie sabe ni sabrá. Mi amigo sintió en sus adentros cosas distintas en ese camino. Él que nunca había tenido una sentida relación con religión ni culto estaba viviendo una profunda transformación. Hablé con él, después de su experiencia, y sinceramente, encontré a un hombre nuevo, o por lo menos distinto.
Hoy mi amigo milita en hacer el bien a los demás. Me gustaría dar todos los datos pero no quiero traicionar su buena fe y su excelente entrega callada, sin protagonismos, sin que su mano derecha sepa que hace la izquierda. Mi amigo hizo el camino del Rocío, acompañó a la Virgen, y ella hizo el milagro. Mi amigo es un hombre entregado y que hace el bien a todo el que puede, conoce y se mueve a su alrededor.
El fue cumpliendo una promesa a favor de su hija. No cabe duda de que la promesa no quedó sólo en su hija. Hoy sigue haciendo lo posible para que gentes sin nombre y apellidos reciban lo necesario. Mi amigo me ganó para siempre cuando supe la historia. Mi amigo es hoy un hombre entregado a hacer feliz dentro de sus posibilidades a los demás. Un detalle, su risa es contagiosa.
El camino del Rocío hace alguna que otra vez un milagro. Un milagro que nunca se cuenta, o sólo se cuenta por algunos delante de cámaras, con lo cual su validez ya se pone en entredicho. Mi amigo me ha enseñado que con humildad y con Fe se arreglan algunos desaguisados. Mi amigo es hoy un hombre feliz y sigue haciendo el camino. Un abrazo para mi amigo.
EL ROCIO Y MI AMIGO
Estamos en vísperas de la salida de la Señora. Me acuerdo en estos momentos de mi amigo, voy a dejar su nombre en el anonimato porque estoy seguro que a él no le iba a gustar nada de nada salir en ningún tipo de crónica.
Mi amigo no era en tiempo un hombre proclive a la religión. Digamos, sin embargo, que era un hombre trabajador, honesto y padre de familia como tantos otros. Pero un día a su puerta llamó la desgracia. Una hija tenía problemas graves de salud. Como tantos padres se puso en marcha para intentar socavar el avance de la enfermedad.
Acudió a los mejores especialistas con el firme propósito de parar el irremediable mal. Estuvo fuera, en Barcelona, lo pasó fatal. Se pueden todos ustedes figurar, era su hija, su primer hijo, lo único que de verdad tenía. La niña fue operada, la niña hoy es una mujer.