En nuestra opinión conforman el CONJUNTO "JEREZ, CIUDAD DEL VINO" aquellos
bienes históricos de naturaleza urbana que relacionados con la cultura
del Jerez se ubican en el centro histórico y conjunto monumental de
la ciudad. Es ese conjunto de bienes inmuebles el que configura una
ciudad singular, con una trama urbana tanto en la ciudad intramuros
como en los ensanches de los siglos XVIII y XIX salpicada de edificios
relacionados con la cultura del vino. Sin duda, y en primer lugar, las
bodegas.
LAS BODEGAS:
El vino de Jerez ha generado una arquitectura específica. "La existencia
de importantes áreas construidas en las ciudades del Marco dedicadas
a esta actividad así como la especial configuración de sus edificios,
hacen necesario abordar su futuro en términos de patrimonio arquitectónico
y urbano. Y ello, no tanto por la antigüedad, valores simbólicos o calidad
arquitectónica entendida en sentido artístico, como por la trascendencia
de su huella en la identidad histórica de la comarca" (16) .
La evolución histórica del sector vitivinícola jerezano y las innovaciones
tecnológicas, productivas y comerciales han concluido en unas bodegas
integradas en la mayoría de las ocasiones en grandes superficies donde
podemos encontrar desde naves de almacenamiento y crianza, hasta despachos
de vino, patios, lavaderos, tonelerías, naves embotelladoras, oficinas,
etc. El edificio propiamente bodeguero se fue haciendo cada vez mayor
hasta alcanzar grandes proporciones; así "las grandes superficies también
se diversificaron "incluyendo jardines y "recreos" en una suerte de
síntesis entre la villa y la industria. Incluso en los casos en que
se ha producido una ampliación a costa del tejido histórico de la ciudad,
se engullen, previa compra, las propias calles de la ciudad dando lugar
a una compleja morfología urbana", como señala Diáñez Rubio.
Con el crecimiento espectacular del negocio del vino de Jerez, a partir
del siglo XVIII y sobre todo a lo largo del siglo XIX, la proliferación
de bodegas en Jerez fue notoria con construcciones de diversa tipología
hasta llegar al modelo más propiamente jerezano de "bodega catedral".
Este fenómeno provocó las protestas de los párrocos de las iglesias
afectadas, dada la pérdida de feligreses por la destrucción de viviendas,
y la intervención municipal que de forma reiterada dictó reglamentos
con objeto de impedir la construcción de bodegas en la ciudad intramuros,
sin éxito. Así calles enteras de la ciudad medieval están formadas exclusivamente
por cascos de bodegas como las de San Ildefonso, San Blas, Cordobeses,
callejón de los ciegos, etc. También en la ciudad extramuros, hoy también
considerada centro de la ciudad, se desarrolló una fuerte actividad
constructora, así los edificios bodegueros inundaron la calle Muro,
los llanos de San Sebastián, la zona del Convento de Santo Domingo o
El Ejido (17) .
El profesor Cirici Narváez ha puesto de manifiesto como la construcción
de las bodegas jerezanas, en el momento de su mayor esplendor y desarrollo
a lo largo del siglo XIX con el nacimiento de la "bodega catedral",
quedó prácticamente en manos de "maestros de obras y albañiles prácticos",
dado que no se exigía la "la traza y dirección de un arquitecto, como
sí sucedía con los edificios públicos y muchos particulares de menor
amplitud y complejidad" (18).
Con todo, muchos han sido los arquitectos que han dejado su marca en
el conjunto bodeguero de Jerez. Así lo ha puesto de manifiesto Fernando
Aroca (15), señalando que "las bodegas fueron generalmente levantadas
por arquitectos y maestros de obras, en algunos casos municipales; los
nombres más frecuentes que figuran en planos y alzados presentados al
Ayuntamiento son José San Martín, Balbino Marrón, Valentín Domínguez,
Agustín García Ruiz, José Esteve; Antonio de la Barrera, Elías Gallegos,
Rafael Esteve y Francisco Hernández Rubio". F. Aroca destaca los trabajos
realizados por Hernández Rubio, tanto en las Bodegas Domecq como en
Harvey; bodegas como la "Gran Bodega Tío Pepe" diseñada por el arquitecto
Fernando de la Cuadra y el ingeniero Eduardo Torroja Miret; y las diseñadas
por arquitectos reconocidos internacionalmente, como es el caso de la
"Bodega La Concha" de González Byass, trazada por el ingeniero francés
Gustavo Alejandro Eiffel" (19) .
Sin duda la declaración de Bien de Interés Cultural para las bodegas
de Jerez parece más que justificada. En este sentido el Plan General
de Ordenación Urbana en vigor, como se ha señalado anteriormente, ha
realizado ya un primer esfuerzo de catalogación que sirve de base a
nuestra propuesta, de tal manera que la declaración de B. I. C. debiera
afectar, al menos, a todas aquellas bodegas calificadas en el PGOU
como de interés específico o de interés genérico, tengan en la actualidad
un uso bodeguero o no. Asimismo se anotan algunas bodegas que, sin estar
catalogadas en el PGOU, pueden ser consideradas interesantes.
Hay que hacer constar que muchas bodegas poseen hoy en día un uso alternativo,
que en muchos casos permite su mantenimiento lo que, sin duda, posee
también un extraordinario interés. Así encontramos bodegas-viviendas,
bodegas-gimnasios, bodegas-supermercados, bodegas-almacenes, bodegas-talleres,
bodegas-garajes...
Sin ánimo de ser exhaustivo, que habrá de corresponder al expediente
que se abra a raíz de esta propuesta, relacionamos una serie de inmuebles
bodegueros que, en nuestra opinión, debieran verse afectados por la
declaración de B.I.C. Distinguimos los siguientes conceptos: complejos
bodegueros, bodegas singulares" y "otras bodegas"; la distinción obedece
a lo siguiente: denominamos "complejos bodegueros" a las grandes bodegas,
instalaciones complejas en la que existen varias bodegas catalogadas
de indudable interés histórico y cultural; llamamos "bodegas singulares"
a aquellas instalaciones bodegueras más pequeñas que en nuestra opinión
tienen un innegable interés cultural.
En ambos casos estas bodegas poseen una indudable importancia turística.
Denominamos "otras bodegas" a aquellas que poseen un indudable valor
arquitectónico y/o tipológico y ambiental.