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Aunque
el vino ha marcado la historia de Jerez de forma determinante a partir
del siglo XVIII, no cabe duda de que el área geográfica que hoy conocemos
como Marco del Jerez ha tenido una relación estrecha con el producto de
la vid desde épocas anteriores, de hecho encontramos referencias en autores
latinos como Marcial o Colmuela (1) y, con posterioridad, en los siglos
medievales.
Manuel María González Gordon apunta que ya en la segunda mitad del siglo
X Abunbeque Mohamed Rasis "hace un gran elogio de Xerez Saduña o Xerez
Sidonia, que es Jerez, y dice tenía gran comercio con minas de plata y
oro, aceites, vinos, granos y otras riquezas" (2). Igualmente José
Luis Repetto señala que " el uso del vino no estuvo descartado del todo
en los musulmanes españoles", de hecho "alegando que eran para la producción
de pasas, no se arrancaron en verdad en esta zona de Jerez las viñas cuando
el decreto rigorista de Alhaquen II del año 961" (3).
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Pero
no será hasta el "el siglo XV cuando pueda decirse que nuestra vitivinicultura
empieza realmente a ser importante" (4) . "Desde fines del siglo XV
y durante el siglo XVI asistimos a una expansión del vino jerezano motivada
por la demanda exterior", de manera que "la producción y comercialización
del vino se perfila como una actividad de primera importancia en la
economía del actual Marco del Jerez" (5). Iglesias Rodríguez apunta
que la economía comarcal a lo largo de los siglos XVI y XVII "basada
en buena medida en el vino con una importante faceta exportadora consistió
en la constitución de poderosas oligarquías locales de corte agrario-mercantil
que capitalizaron las ventajas derivadas de la concentración de todas
las fases de la producción-comercialización". Así, antes del siglo XVIII
el comercio de vinos "estaba en manos de pequeños comerciantes individuales
y los establecimientos de características similares a las de las bodegas
actuales eran completamente desconocidos"(6).
De hecho "la actual industria vinatera del marco del Jerez tiene sus orígenes
en el contexto de las transformaciones que se operaron a lo largo del
siglo XVIII en el mercado vinícola internacional", como señala Javier
Maldonado(7). En la zona de Jerez, la producción era mayoritariamente
de mostos y vinos en claro, los cuales se destinaban en un considerable
porcentaje a mercados exteriores, principalmente europeos", eran los comerciantes
extranjeros los que "manipulaban los vinos en claro al gusto de los consumidores.
Pero este sistema cambió debido a "la conjunción temporal de dos factores
-cambio de gusto de la demanda y reorganización del mercado internacional
vinícola- que produjo importantes transformaciones en los principales
mercados vinícolas oferentes: Burdeos, Oporto y Jerez, fundamentalmente.
En Jerez y su marco fue en la segunda mitad del siglo XVIII cuando comenzaron
a generalizarse los tipos aún vigentes, merced al envejecimiento y a las
combinaciones del entonces aún incipiente sistema de criaderas y soleras.
Esta nueva situación requería mayores inversiones de capitales, dado el
inmovilizado dedicado a envejecimiento, tanto en existencias en vino como
en edificios dedicados a la crianza".
En el tránsito del siglo XVIII al XIX se produce en
Jerez el definitivo despegue de la industria y el comercio del vino. El
desarrollo de la industria del vino de Jerez, apunta Donald Robert Abbot,
supuso un cambio en la estructura de la economía regional. "En efecto
Jerez y El Puerto de Santa María eran los pueblos más ricos e importantes
de la región, generando ambos el 60% de los ingresos netos del sector
comercial y profesional de la región y el 65% de la ganancia total" (8)
.
Y esto fue posible, sin duda gracia al establecimiento
en la ciudad de una serie de familias extranjeras vinculadas al negocio
del Jerez, la llegada de capitales de América y la inversión en el sector
vitivinícola de comerciantes procedentes de Cádiz. A ello hay que añadir
el cambio de actitud mostrada por la nobleza local que participó activamente
en la producción y comercialización de vinos, sin cuya participación el
éxito seguramente no hubiera estado garantizado (9).
El mercado del Jerez continuó en progresión hasta alcanzar
su punto culminante en el siglo XIX, hacia los años 70. De tal manera
que, "el vino no sólo era el eje principal de la actividad mercantil de
Jerez. También constituye el producto dominante del comercio exterior
español en el siglo XIX". En estas exportaciones los productos agrarios
eran dominantes "y, dentro de estos artículos la hegemonía del Jerez es
indiscutible entre 1849 y 1874" (10). Antonio M. Bernal ha llegado a decir
que el sector de la viticultura jerezana fue "la punta de lanza del capitalismo
y la economía española" (11).
Fueron estos años y en las primeras décadas del siglo
XX los que encumbraron a los bodegueros jerezanos. Su importancia en la
vida social y cultural de Jerez fue extraordinaria. Muchos quisieron imitar
a la antigua nobleza de sangre mediante la adquisición de títulos y privilegios.
Sin embargo a finales de siglo "la crisis de la vinatería jerezana es
un hecho. Jerez ya no era aquel emporio de riqueza que algunos años antes
hizo conocer a extractores, almacenistas, cosecheros, trabajadores de
las viñas... una auténtica edad de oro" (12) . Una crisis que generó conflictos
sociales en la ciudad y unas muy difíciles relaciones industriales. La
regresión de las exportaciones después de 1980 se explica principalmente
por "la competencia de otros vinos del mismo tipo, imitaciones de sherry
procedentes de Australia, África del Sur, California... y sobre todo el
"british sherry" fabricado en Inglaterra con uvas, mostos o vinos importados"
(13).
La primera mitad del siglo XX fue también un periodo
de graves problemas para los productores del Jerez. En 1894 aparece en
el viñedo la filoxera y la producción baja rápidamente. Los pequeños viticultores
no tienen dinero para la repoblación y el viñedo se concentra cada vez
más en manos de los exportadores. En 1910 fundaron la Asociación de Exportadores
del Jerez con el fin de reactivar las ventas en Inglaterra. Para luchar
contra la competencia de los falsos sherries y afirmar la especificidad
del vino de Jerez, los productores consiguieron la propiedad de la marca
Jerez en 1924. En 1933 se crea el Consejo Regulador de la denominación
de Origen Jerez-Xerez-Sherry.
El periodo 1950-1980 fue de gran prosperidad y la exportación
se quintuplica en sólo veinticinco años. El desarrollo de las ventas se
explica por el dinamismo de las grandes bodegas, que construyen nuevas
bodegas enormes. La producción se concentra cada vez más. A partir de
la década de los ochenta la disminución de las exportaciones provoca una
superproducción. Se elaboran varios planes de reestructuración y reconversión
y para asegurar la calidad se decidió embotellar todo el vino en las bodegas
del Marco del Jerez. Las antiguas familias bodegueras pierden, en gran
medida, el control de sus empresas con la penetración acelerada de las
empresas multinacionales. Aparecen nuevas empresas familiares...; pero
esto ya forma parte de nuestro presente.
Es evidente, tras este breve recorrido histórico, que
la ciudad de Jerez que conocemos, el Jerez que vivimos, hunde sus raíces
en el desarrollo que sobre todo a partir del siglo XVIII experimenta el
sector vitivinícola en nuestra ciudad. Como dice el antropólogo Ruiz Ballesteros
en un reciente estudio "en Jerez la relación con el vino ha sido siempre
de cercanía y reconocimiento. La producción vinícola ha dado sentido a
la ciudad, ha proporcionado el sustento en lo material y el referente
identitario en lo simbólico. El vino y su producción explican el poder,
la estructura urbana, los procesos de trabajo mayoritarios, la proyección
local en el exterior" (14).
Y sin embargo esta incuestionable realidad no es en
estos momentos considerada de esa manera por la mayor parte de los jerezanos
y jerezanas (15). El sector vitivinícola ha perdido la centralidad que
hasta hace unos años poseía. La profunda reconversión agrícola, industrial
y urbanística que ha sufrido el sector en los últimos años ha marcado
profundamente las expectativas que los vecinos de la ciudad de Jerez esperan
del producto que ha dado sentido a la ciudad misma. No en vano y a lo
largo de muchos años se ha venido repitiendo la necesidad que tenía la
ciudad de Jerez de abandonar el monocultivo, un mensaje que aún resuena
en nuestros oídos.
Pero la situación en el sector vitivinícola internacional
ha cambiado. Como dice Jordi Cuyás i Soler, presidente de la Red Europea
de Ciudades del Vino, "por fin nuestras ciudades pueden ser ciudades del
vino en el sentido más amplio del término. El cambio de siglo ha llevado
un renacer del mundo del vino, pero este renacer debe ser también el despegue
de las ciudades del vino. Es hora de que el sector sea consciente de lo
que ha recibido y de lo que recibe del territorio donde está situado y
sea participe de la marcha de su territorio".
Jerez no puede quedarse al margen de este movimiento. Es necesario, en
nuestra opinión, que todos afrontemos el reto que supone considerar al
vino y sus derivados en Jerez como productos con un esplendoroso pasado
y con un espectacular futuro. En este sentido la recuperación en nuestra
ciudad de "la cultura del vino" como un factor de futuro ha de ser una
de las banderas de todos aquellos que tenemos alguna responsabilidad.
El Jerez -el vino, el brandy y el vinagre- es un patrimonio común que
tiene la ciudad y es, por tanto, obligación de todos su conservación,
su protección y su puesta en valor económico, social y cultural.
La propuesta de declaración de Bien de Interés Cultural del CONJUNTO PATRIMONIAL
"JEREZ, CIUDAD DEL VINO" enlaza, sin duda, con la idea de recuperación
y relanzamiento del sector vitivinícola en nuestra ciudad, pero va en
otra dirección. El objetivo es potenciar las actividades complementarias
al negocio del vino, aprovechando los efectos promocionales de carácter
genérico que la declaración conlleva, positivo tanto en lo que afecta
al Jerez como a Jerez.
Asimismo la declaración de Bien de Interés Cultural reconocería la altísima
calidad cultural, artística y etnológica que posee este conjunto de bienes
patrimoniales y la necesidad de su conservación y difusión, para lo cual
la administración competente despliega los necesarios mecanismos de protección
y tutela del bien cultural declarado y lo incluye en el catálogo correspondiente.
En ambos sentidos, se considera necesaria la declaración de Bien de Interés
Cultural al conjunto de bienes que, en nuestra opinión, conformarían el
CONJUNTO PATRIMONIAL "JEREZ, CIUDAD DEL VINO". Si bien, el Plan General
de Ordenación Urbana en vigor realizó un vasto estudio con objeto de articular
procedimientos de protección.
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