uando aún estoy en la cárcel pequeña del racimo, el ángel de las viñas me guarda y vigila desde su bienteveo.

Ya es septiembre y llega por fin la hora gozosa de la vendimia. El verde mar de Jerez se ve inundado por los VENDIMIADORES, que tienen una viña entre los párpados. Por la tierra antigua de sus caras pasan los pagos de Macharnudo, Balbaina, Carrascal, Almocadén...¡Cuantos recuer dos y cuanta historia!

ras el soleo, me transportan al lugar para la prisa y allí me espera, como no, otra vez el hombre. Esta es la danza fantástica de los PISADORES, calzados con botas de cuero de vaca y suela de madera claveteada.

Dicen los más viejos que el peso de un hombre era la presión ideal para la pisa. De nuevo el equilibrio y la medida exacta de las cosas.

en la fermetación surge el misterio: LA LEVADURA, un microorganismo que transforma el ázucar en alcohol y me ayuda a pasar de mosto a vino, de niño a adolescente. "Por San Andrés, el mosto vino es".

Ya has conocido mi primera casa la viña, ahora te enseñaré mi universidad, la BODEGA.