JUEVES SANTO

LAS PREVISIONES SE CUMPLIERON

Los meteorólogos lo venían prediciendo. La noche del jueves y viernes se esperaban lluvias, que al cumplirse la previsión deslució por completo los desfiles procesionales de la noche del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo.

Pese a todo la Hermandad de la Vera-Cruz, una de las más antiguas del itinerario jerezano, a la hora prevista de salida tomó la decisión de poner su cortejo en la calle. Desde su sede de San Juan de los Caballero, la hermandad marianísta comenzó su andadura con la mirada puesta en el cielo. El Santísimo Cristo de la Esperanza, talla atribuida a Juan de Mesa, o autor de su escuela como podría ser Felipe de Riba, sobre paso tallado por Luis Jiménez Espinosa y Manuel Martín Bejarano recorrió la calle San Juan, Chancillería, tomó Gaitán y se plantó en la Alameda Cristina para solicitar la venia. Le acompañaban los dos ladrones, San Dimas y Gesta, tallados por Francisco García Madrid. Detrás, muy cerca, la Dolorosa Nuestra Señora de las Lágrimas, de talla anónima y Virgen que le da nombre a la calle Santa María de Jerez procesionaba en su palio de cajón, delicadamente exhornado con flores venidas de lejos de color blanco. Todo el recorrido lo realizó esta Hermandad adelantándose a los horarios previsto, y una vez cumplida la Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral, prefirió no seguir en vista de las amenazas insistentes de precipitaciones.

Por el cancel de la puerta principal de la Basílica del Carmen es casi imposible que pueda salir la canastilla de la Sagrada Lanzada, sin embargo cada año la habilidad de la cuadrilla hace posible el milagro. La Hermandad de los Estudiantes comenzó su recorrido con las ideas muy claras: hacerlo en el menor tiempo posible. En la entrada al Carrera Oficial sirvió de anfitriona a la Hermandad del Huerto que en esos precisos instantes efectuaba su salida de Santo Domingo. Esta Hermandad carmelitana realizó todo el recorrido hasta la Santa Iglesia Catedral, prefiriendo, al igual que la Vera-Cruz, quedarse en ella.La puerta de la nave de Consolación de la Iglesia de Santo Domingo se abrió. En el dintel la soberbia canastilla de Guzmán Bejarano, adornada en sus esquinas con los cuatro apóstoles que tallara Paco Pinto Berraquero (q.e.p.d.), portando el colosal y bello grupo de Juan Luís Vassallo de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto y Santo Ángel Confortador. Su entrada en Carrera Oficial, exquisita. La Virgen de la Confortación, talla de Jacinto Pimentel del siglo XVII, con su inseparable Angel Confortador, atribuida su talla a Luisa Roldán “La Roldana” realiza su recorrido en paso de palio cuyos respiraderos merecen la pena ser observados de cerca. A la altura de la presidencia, con tan solo unos pocos metros de recorrido, sonó la alarma, la Virgen volvió sobre sus pasos y enfiló la entrada principal de Santo Domingo. De igual forma el paso de Misterio que en curiosa “marcha atrás” devolvió las imágenes al Convento. La Estación de Penitencia de esta Hermandad había concluido por un sentido lógico de prudencia.

Casi sin dar tiempo a la recogida precitada del Huerto, la Hermandad del Mayor Dolor pasaba por delante de Santo Domingo ya en Carrera Oficial. Este año su recogida estaba fijada en la Santa Iglesia Catedral. El original paso de Misterio del Ecce-Homo, todo de orfebrería realizado por Hijos de Leoncio Meneses, marcaba paso de agua ante la inminente lluvia. Detrás la impresionante talla de Nuestra Señora del Mayor Dolor atribuida a Martínez Montañés, traspasada de dolor por ese puñal en su pecho autentica joya de la orfebrería. La imagen de la Dolorosa abrigada con ese manto y palio que un día la Hermandad adquirió a la de San Bernardo de Sevilla, realizados por José Manuel Rodríguez Ojeda, toda una obra del bordado.

Y la noche terminó en la Santa Iglesia Catedral. Las Hermandades de la Lanzada y Vera-Cruz realizarán el regreso a sus respectivas Sedes Canónica el próximo Domingo de Resurrección, a partir de las 5 de la tarde.