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LA ROMERÍA DEL ROCIO



La palabra romería viene de romero, peregrino. Define viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario y también, fiesta popular que con meriendas, bailes, etc., se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario el día de la festividad religiosa del lugar.

Pues bien, sin menoscabo de otras que se celebran en España, si existe en una romería con verdadero arraigo y calado entre las gentes, ésta sin duda es la Romería del Rocío.

Se calcula que en la pequeña aldea de El Rocío, muy cerca de Almonte en la Provincia de Huelva, se concentran el lunes de Pentecostés más de un millón de personas, que acuden de los lugares más insospechados del mundo, atraídos quizás por la propia fama mundana que traspasa las fronteras de España o bien por el misticismo o religiosidad que contiene, dado que en esta romería se dan los dos extremos: el religioso y el festivo.

Otro dato interesante de esta romería es que peregrinan cerca de cien hermandades filiales que acompañan a la Hermandad Matriz de Almonte. Acuden en peregrinación de sitios tan apartados de estos lares como pueden ser Madrid, Barcelona, Badalona, Las Palmas, etc., así como personajes de la talla de su Alteza Real la Reina Doña Sofía de España o Su Santidad el Papa Juan Pablo II.

LA HERMANDAD MATRIZ

La Hermandad Matriz de Almonte se creó en el año 1648 bajo la protección del venerable Clero y Corporación Municipal de la Villa de Almonte. Según se cita en el documento de Patronazgo del año 1653. Sus reglas fueron aprobadas en el año 1758 y dedica el sexto de sus ocho capítulos a las Hermandades de otros pueblos.

BREVE HISTORIA DE LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL ROCÍO DE JEREZ DE LA FRONTERA

GÉNESIS FUNDACIONAL DE LA HERMANDAD.

En el número 29 de la calle Algarve de Jerez, existía en los años treinta un establecimiento de bebidas llamado “El Tablón, donde en su trastienda eran asiduos contertulios Don Antonio León y Manjón, Conde Lebrija, y otros cuantos amigos. En embrión, la Hermandad busca un lugar donde formalizar su fundación, siendo ofrecido éste por el Marqués de Torresoto, Don Pedro González de Soto.

FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD

La Real Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Jerez de la Frontera se fundó el 17 de abril de 1932 en la Bodega denominada La Constancia, de la firma González Byass, por iniciativa de don Antonio León y Manjón, siendo sus fundadores, además de éste, el Rvdo. Padre Yllanes, el gran rociero don José María Reales y don Pedro González de Soto, Marqués de Torresoto. Existe un azulejo en dicha Bodega, que perpetúa fecha tan significativa para el mundo rociero jerezano. Su constitución canónica data del año 1958, fijándose su residencia en la Iglesia Parroquial de San Mateo.

PRIMERA ROMERÍA A LA ERMITA

En 1933, se realizó la primera peregrinación a la Ermita. Tras embarcar en Bonanza, un grupo de treinta hermanos a caballo emprendieron el camino hacia el Rocío, pernoctando en el Palacio del Coto de Doñana. Al frente de los mismos, figuraba el fundador y primer Presidente, don Antonio de León y Manjón, y se encomienda la organización a Juan López Medina y el avituallamiento a José Gálvez Buzón. Como provisión para el camino, -tratándose de Jerez no podía faltar-, acompañaba a los rocieros un carro, cuya única carga era una bota de vino, arropada con esterones. Dicho carruaje era conocido por “la bota del caballo”, al estar decorada con una pintura de un romero a caballo realizada por Ricardo Marín. Como primer pitero acudió Manuel Espinar Cuadrado, siendo madrina en la presentación en el Rocío de la Hermandad de Jerez, la de Sanlúcar. Desde el año 1932 hasta 1943, la Hermandad vivió una época de gran brillantez, acudiendo cada año a la aldea, marcando un sello propio y singular en los días de la Romería.

LOS ORÍGENES DE LA ROMERÍA

La palabra romería viene de romero, peregrino. Define viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario y también, fiesta popular que con meriendas, bailes, etc., se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario el día de la festividad religiosa del lugar.

Pues bien, sin menoscabo de otras que se celebran en España, si existe en una romería con
verdadero arraigo y calado entre las gentes, ésta sin duda es la Romería del Rocío.

Se calcula que en la pequeña aldea de El Rocío, muy cerca de Almonte en la Provincia de Huelva, se concentran el lunes de Pentecostés más de un millón de personas, que acuden de los lugares más insospechados del mundo, atraídos quizás por la propia fama mundana que traspasa las fronteras de España o bien por el misticismo o religiosidad que contiene, dado que en esta romería se dan los dos extremos: el religioso y el festivo.

Otro dato interesante de esta romería es que peregrinan cerca de cien hermandades filiales que acompañan a la Hermandad Matriz de Almonte. Acuden en peregrinación de sitios tan apartados de estos lares como pueden ser Madrid, Barcelona, Badalona, Las Palmas, etc., así como personajes de la talla de su Alteza Real la Reina Doña Sofía de España o Su Santidad el Papa Juan Pablo II.

LEYENDA DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN

La memoria popular ha rescatado del olvido y ha transmitido de generación en generación el acontecimiento que supuso el descubrimiento de la Imagen en la misma zona que ocupa actualmente su santuario y la gran devoción que despertó desde un principio. La tradición no deja lugar a dudas sobre la pertenencia de la Virgen a Almonte, aunque señala claramente la participación de la villa de Villamanrique y su importancia en el hallazgo. A grandes rasgos, se relata que a principios del siglo XV, Gregorio Medina, un cazador de Mures (actualmente Villamanrique de la Condesa), encontrándose junto con sus compañeros de cacería, le tocó en suerte dirigirse a la zona de Las Rocinas, lugar muy frecuentado por los cazadores, y allí en la chueca o hueco del tronco de un árbol centenario halló la imagen de casi una vara de alto hollada por las inclemencias del tiempo. Al volver a colocarla en su sitio pudo ver en la espalda de la talla la siguiente leyenda: “María de los Remedios me llamo”.

Volvió al pueblo de Almonte, a cuyo término pertenecía aquel sitio, dando cuenta de su hallazgo. De esta población llegaron numerosos vecinos llevándose a dicha localidad la imagen. La noticia llegó a los demás pueblos de la zona, pero entre los vecinos de Almonte y de Villamanrique surgió una disputa en torno a la cuestión del acomodo de la imagen, que subsanaron siguiendo la costumbre de la época, unciendo en unas carretas dos yuntas de bueyes y que su fuerza decidiera el sitio donde se quedaba la Virgen. Ambas fuerzas quedaron igualadas sin conseguir avanzar a un lado ni a otro. Este hecho se interpretó como sentencia y se colocó la talla de la Virgen en el sitio en que fue encontrada, construyéndose una ermita de diez varas de largo gracias a las limosnas de los devotos

Esta versión forma parte de la tradición oral que comparten los pueblos de la comarca, salvo Almonte, que en sus Reglas (1758) establece que un cazador, sin decir de dónde, encuentra el simulacro La leyenda responde a un modelo generalizado y que en este caso presenta dos variantes fruto de los intereses contrapuestos de Almonte, que reclama la exclusividad del símbolo y los demás pueblos, especialmente Villamanrique.

LA HERMANDAD MATRIZ

La Hermandad Matriz de Almonte se creó en el año 1648 bajo la protección del venerable Clero y Corporación Municipal de la Villa de Almonte. Según se cita en el documento de Patronazgo del año 1653. Sus reglas fueron aprobadas en el año 1758 y dedica el sexto de sus ocho capítulos a las Hermandades de otros pueblos.

En aquella fecha se citan como existentes, en este caso nos vamos a referir sólo a la provincia de Cádiz, las Hermandades de Rota, Sanlúcar de Barrameda y la de El Puerto de Santa María.

EL CAMINO

EL EMBARQUE

La Hermandad de Jerez acude a la aldea del Rocío a través del Coto Doñana, atravesando el río Guadalquivir por el lugar llamado Bajo de Guía de la población de Sanlúcar de Barrameda.

Recomendamos a nuestros visitantes de esta página acudan a ese lugar el próximo miércoles día 15 de mayo antes de las 17:30 horas que empezará a embarca la Hermandad de Jerez . La tranquilidad de Bajo de Guía cambiará su por el baile y el cante de un buen número de jerezanos.

Por los arenales del coto avanzará la Hermandad de Jerez al encuentro anual con la Reina de las Marismas, con la Blanca Paloma, con la Virgen del Rocío. Irán venciendo problemas con cantes, palmas y oraciones ante el Simpecado transportado en esa extraordinaria carreta de plata.

Miércoles y Jueves, es decir el día 15 y 16 de mayo, Marismilla, el Guaperal o Cancelín, atravesando dunas y bosques, arenales que parecen insalvables y donde más de una carreta tendrá que ser remolcada. Y el viernes el Ángelus en la Laguna del Sopetón y Palacio. Horas después la aldea meta única y definitiva de todos los peregrinos.

LA ENTRADA EN LA ALDEA

Es con la entrada de las Hermandades en la aldea el sábado, cuando comienza los actos de la romería del Rocío. Llegan de todas las partes, preferentemente de las provincias andaluzas, aunque también de Canarias, Madrid o Barcelona.

Ante la Ermita y la Hermandad Matriz de Almonte presidida por su Simpecado se presentaran todas las Hermandades por riguroso orden de antigüedad con sus respectivos carros exhornados y de vistosos colores, romeras y romeros luciendo al cuello sus medallas, con trajes camperos, vestidos de farales y faldas rocieras, todo ello acompañado del insistente sonido del tamboril y el continuo voltear de campanas.

La Hermandad del Rocío de Jerez congrega y suscita gran expectación en su entrada. La gran cantidad de devotos que acompañan al Simpecado de Jerez, el elegante desfilar de los romeros a caballo, y el continuo cantar a la Virgen, hacen de esta Hermandad una de las que destaquen en su presentación ante la Blanca Paloma.


LA MISA DE ROMERO Y EL ROSARIO

Es impresionante la mañana del domingo. El despertar de la aldea se acompaña de un ir y venir que finaliza en el Real en una gran concentración para la Misa de Romeros. Es de un colorido extraordinario el que presenta el Altar de celebración rodeado de todos los Simpecados de las Hermandades y las miles de personas que seguirán con singular devoción, bajo un sol abrasador, la celebración Eucarística que marca el inicio del sentido religioso de la romería.

El rezo del Santo Rosario en la noche del Domingo al Lunes acompañado de cientos de romeros y romeras con sus luces encendidas, dan al recorrido una espectacular estallido de luz y una unánime plegaria. Mientras sube la emoción por la cercana hora de la salida de la Virgen del Rocío de su Ermita.

El momento culminante de esta romería, sin duda, es cuando los almonteños que ansiosamente han observados desde la reja del Presbiterio los últimos rezos a la Virgen, deciden con solo mirarse "saltar" la reja. Nunca se sabe la hora que esto puede ocurrir, cada año distinta y cada año más pronto.

Gritos, vivas, salves y rezos se mezclan a todo lo largo de la Ermita, mientras todos tratan de llevar bajo sus hombros o tocar el paso sencillo y manejable de la Virgen del Rocío. Comienza con su salida de la Ermita esa procesión llena de júbilo y lágrimas a la vez las visitas a las distintas casas de Hermandad ubicadas en la aldea.

Es impresionante observar ese frágil paso a hombros de tantos devotos. Parece como si pasara el mismo por encima de las gentes sin rozar sus cuerpos y sus cabezas. Niños que nadan por encima de todos hasta llegar a tocar el paso, mayores que se suben en otros y cantan, sonidos de campanas, pétalos de rosas sobre el paso desde las pequeñas espadañas o campanarios de las casas de Hermandad. Se mezclan sentimientos difícilmente explicables. Es cuestión de estar allí.

Una Salve que atronará dentro del templo será el postrero homenaje de despedida. Desde ese momento, la tristeza inundará el corazón de muchos romeros y empezará la cuenta atrás de los días que faltan para la romería del próximo año.

 

EL CAMINO DE VUELTA

La Aldea almonteña del Rocio se va quedando sola. En este poblado rociero poco a poco se vuelve a la normalidad cotidiana. Han sido unos días de intensa actividad humana, de encuentros, de rezos, de alegrías.

Atrás queda el lunes de Pentecostés. El lunes de gracia donde las plegarias fueron más que las gentes que acompañan en su recorrido a la Virgen por todas las Casas de Hermandad. Ante la casa de la Hermandad de Jerez las palmas sonaron como siempre por bulerías, los rezos y la salve tuvieron el sabor especial de campiña jerezana, y el canto por sevillanas y bulerías terminó de romper las gargantas rocieras de Jerez.

Amanece el martes. Los últimos rezos ante la reja, ante la Virgen del Rocío, llenan el día de la despedida. Rostros cansados y silenciosos, de mirada clavada en la Blanca Paloma, se dan cita en la Ermita antes de retomar el camino de vuelta hasta Santo Domingo. Es el día de la melancolía y también de la esperanza. Es el día de las promesas de volver al mismo lugar dentro de 365 días.

Delante, el Coto de Doñana se muestra duro y seco. Habrá que volver por los mimos caminos por donde con tanta fe y deseos días antes se transitaba. De nuevo carretas, caballos, vehículos, todos en orden tras el Simpecado jerezano. Las noches en el Coto alrededor del fuego serán fiel testigo de vivencias y de nuevas ilusiones. Serán tertulias donde los peregrinos se intercambian pensamientos a través de las palabras. Serán rezos del Santo Rosario con miradas furtivas a las estrellas. Serán noches en definitiva, donde cada romero realiza su propia reflexión y deseos de ser mañana un poco mejor.

La entrada en Jerez el jueves por la tarde será un acontecimiento multitudinario como siempre. Primero parada obligatoria con el Simpecado en el Hospital San Juan Grande. Salve de acción de gracia ante los enfermos e impedidos. Después recorrido por Santiago, Ancha y al final la Real Iglesia de Santo Domingo. En sus alrededores no cabrá un alfiler. La Alameda de Cristina se llenará por unas horas de colorido. Se volverán a escuchar cantes por sevillanas y sobre todo bulerías, acompañadas de esas palmas que sólo Jerez sabe tocar.

Dentro del Templo y ante el fervor que siempre suscita la imagen de la Virgen del Rocío, los romeros volverán a dar gracias por permitir que un año más hayan realizado su peregrinar hasta la Ermita. Serán momentos de intensa emoción y sin duda, lágrimas afloraran por las mejillas curtidas por el sol del camino. Abrazos y buenos deseos entre los romeros de Jerez y su Hermandad cerraran un año más la romería que más pasiones suscita, la más famosa y la de más renombre en el mundo.

Pero el fina, el final de toda la romería es cuando el peregrino con mirada fija en la Virgen del Rocío en su altar de Santo Domingo, con ojos donde asoman leves lágrimas que no llegan a romper en llanto exclama un gracias por todo y en su interior surge el grito de, Viva la Virgen del Rocío, Viva la Blanca Paloma, Viva el Pastorcito Divino y que Viva la Hermandad de Jerez.

Sólo quedan....





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