La
experiencia demuestra que los mejores vinos jerezanos se obtienen en los suelos
de “albarizas” (carbonato cálcico), de estructura esponjosa
y fáciles de laborear, con un subsuelo profundo que las raíces
pueden explorar para extraer sus reservas de agua en los meses de sequía.
El
jerez sigue siendo un símbolo de tradición, un rito, una conquista
del bienestar, un vino de lujo. Pero el jerez es, además, un patrimonio
cultural, fruto del aporte de muchas civilizaciones que dejaron en estas tierras
sus técnicas de cultivo, sus artes de vinificación, sus técnicas
de comercio.
LOS DIFERENTES TIPOS DE VINOS DE JEREZ
Los
diferentes tipos de jerez dependen, a excepción del Pedro Ximénez,
de la evolución misteriosa de la “flor” (La ”flor”
es una familia de levaduras que se desarrollan espontáneamente en todos
los vinos de Palomino que se elaboran en Jerez). Los vinos finos y manzanillas
no pueden perder el velo de la “flor” que los cubre en toda su
crianza. Pero los amontillados comienzan a añejarse, bajo flor, como
finos; y cuando ya están encabezados pueden virar hacia olorosos o
palos cortados. Los olorosos no desarrollan velo de “flor” y después
de encabezados serán ya siempre olorosos o palos cortados. También
se pueden obtener, los olorosos, a través de la evolución inesperada
de un fino o de un amontillado.
FINO
El
más delicado de los vinos jerezanos; sobre todo cuando es pálido,
de graduación mínima y elegantemente seco. Procede exclusivamente
de la variedad de la uva Palomino. Desarrolla el velo de “flor”
durante todo el proceso de añejamiento. Pálido, seco y delicado,
el fino se caracteriza por su aroma limpio y punzante.
MANZANILLA
Puede
definirse como un “fino” peculiar de Sanlucar de Barrameda, con
un aroma fresco y floral, con nota salina muy excitante y característica.
Existe también un tipo de amontillado de las manzanillas: las “manzanillas
pasadas” que pierden su flor en el envejecimiento, más fortificadas
y de color dorado. Con aromas especiados y avellanados, y un paladar más
intenso. |