Caballo
que paseas por el Real
igual al trote, que a una mano,
caballo que bailas como los gitanos
a plena luz, sin escenarios,
caballo de Jerez, caballo jerezano
que gracias a los monjes,
te llamaron cartujano.
Resulta
verdaderamente excepcional el paseo de caballos en la Feria de Jerez. La Feria,
no sería la misma sin ese espectáculo ecuestre. Jerez es desde lo inmemorial
la capital andaluza del caballo. El caballo tiene por ello en Jerez una presencia
histórica patente. Es, junto al vino y el arte flamenco, símbolo de la ciudad.
Paso lento, garboso, como gustándose a sí mismo, con la crin que le rodea
su cara perfectamente engalanada para el evento. El caballero ataviado de
época, o bien vestido a la usanza vaquera, sombrero ala-ancha, su mano izquierda
con un pellizco en la chaquetilla, mientras su derecha, agarra las riendas.
A la grupa, la guapa mujer jerezana con su traje de gitana, donde sus volantes
se dejan caer por entre las patas traseras del caballo, mantoncillo y claveles
en el pelo. Gracia y belleza del caballo y la pareja. Esa es la estampa, así
pasean los caballos de Jerez en el Real de la Feria.
Y
que decir de los coches enjaezados. Pitters, Landeaus, phaerones, manolas,
troncos, enganches a la larga, a la potencia, a la media potencia, al tresillo,
en tandem con las guarniciones a la húngara, a la calesera, a la inglesa...,
que dominio, que destreza mantener y gobernar semejante belleza. Porque no
me digan ustedes que nos es destreza girar y como un lance torero hacer pasar
el eje de las ruedas donde si apenas caben, sin tirones, y retranquear sin
gritos. Desde el pescante, y con sólo sus manos dominando los caballos, se
encuentra el cochero.
Un paseo, el Real, abarrotado de público local y forastero que se deleitan
con la belleza y discuten de las bondades que expresan estos equinos, entre
copas de vino fino frío que alivien en algo el calor, que como viene siendo
habitual en esas fechas, es invitado.
Es
aconsejable, para aquéllos aficionados que desplacen a Jerez en su Feria del
Caballo para observar y admirar detenidamente este singular desfile, situarse
en el cruce que forman el Paseo de las Palmeras y el Real, desde donde no
perderán detalle de todo lo que acontezca.
Vente a la Feria del Caballo de Jerez, vente a ver los caballos, vente a buen
vino beber, y disfruta de la hospitalidad de un pueblo sin fronteras